Marcelo Salinas | En órbita: En el mapa político de Quintana Roo hay municipios donde los programas sociales se quedan en el discurso y otros donde se convierten en herramientas reales de gobierno. Isla Mujeres entró en esta segunda categoría bajo la administración de Atenea Gómez Ricalde.
La lógica a mirar es la siguiente: cuando la política pública toca la vida cotidiana de la población, también transforma el clima político. Ahí está el programa “Isleña de Corazón”, convertido en el emblema social de su administración. Con éste, miles de mujeres reciben apoyo económico y alimentario de manera periódica.
En una comunidad donde muchas familias viven del turismo o de ingresos variables, ese respaldo se traduce en estabilidad doméstica. Cuando las mujeres sostienen la economía del hogar, el impacto social se multiplica.
Pero la apuesta del gobierno municipal no se queda allí. Programas como “Familia Pescadora” atienden a un sector históricamente vulnerable a los ciclos del mar y los caprichos de la naturaleza. Cuando llegan las vedas o los periodos de baja captura, el ingreso de muchas familias se desploma. Por eso el apoyo municipal funciona como salvavidas para una de las actividades tradicionales de la isla.
En educación también surgen señales claras. La entrega de mochilas escolares y computadoras no solo alivia el gasto familiar, también manda un mensaje político importante: un gobierno que invierte en estudiantes está apostando por el futuro del municipio.
Se suman iniciativas como “Médico en tu Casa”, los programas de vivienda con entrega de láminas y proyectos ambientales como la Tiendita Ecológica, que combina reciclaje con acceso a productos básicos.
El resultado es un esquema de política social que toca varias capas de la vida comunitaria: economía familiar, educación, salud y medio ambiente.
Desde el punto de vista político, el efecto también es evidente. Los programas municipales tienen una ventaja estratégica: la cercanía. No pasan por una burocracia lejana. Se entregan cara a cara, en colonias, en comunidades, en cooperativas.
Eso construye algo que en política vale oro: comunicación directa entre gobierno y ciudadanía. Confianza mutua en el fondo.
Por eso no sorprende que el gobierno de Atenea esté consolidando una base social sólida en Isla Mujeres.
Cuando la política social funciona, deja de ser solo administración pública, porque se convierte en capital político. En un municipio pequeño pero pujante, donde todos se conocen y los resultados se comentan de boca en boca, ese capital pesa más que cualquier discurso.
(OPINIÓN PUBLICADA EN NOVEDADES.
VIERNES 13 DE MARZO DE 2026).
