Marcelo Salinas | En órbita: Los rivales de la 4T en Quintana Roo hallaron una palabra para reconocerse: libertad.
La llamada «Declaración de Libertad» puso en la mesa una expresión que busca llegar más allá de siglas y partidos. Gustavo Miranda la impulsó con personajes de distintas procedencias, bajo la premisa de colocar al «quintanarroísmo» por encima de intereses partidistas.
El término arrastra una carga inevitable. «Quintanarroísmo» remite, para su mala fortuna, al periodo de Roberto Borge y a la historia fabricada contra Carlos Joaquín. No es un detalle si se quiere construir una identidad nueva.
El planteamiento tiene lectura electoral obligada. Con el 2027 en marcha la oposición necesita más que pronunciamientos: organización, candidaturas y estrategia común, porque la 4T domina todos los escenarios.
Ahí aparecen las dificultades. La primera es territorial. La declaración reunió nombres de Cancún, Playa, Cozumel, Tulum, Bacalar y Morelos. Hay amplitud, pero no acredita por sí misma una estructura. Para ser bloque debe traducirse en comités, operadores y movilización real en los 11 municipios.
La segunda es el liderazgo. Todo frente debe resolver quién lo encabeza y con qué método. Si aspira a ser plataforma ciudadana por encima de siglas, tendrá que fijar reglas claras para seleccionar aspirantes y repartir posiciones. Sin ello, diferencias hoy manejables pueden volverse rupturas al decidir.
Para algunos del propio grupo la influencia real de Miranda no va más allá de Cancún. En esa lectura, PAN y MC lo ven más como actor local que estatal.
¿Y si Marybel se va de Morena y llega, por ejemplo, al MC? La tercera dificultad: Movimiento Ciudadano permanece fuera de la Declaración, aunque algunos de sus liderazgos admiten la necesidad de explorar una ruta opositora más amplia.
PAN y PRI mantienen acercamientos, pero las diferencias entre «Alito» Moreno, Jorge Romero y Álvarez Máynez complican trasladar a Quintana Roo un acuerdo nacional que tampoco existe.
Ese es un gran desafío. Una coalición no se arma solamente con una lista de nombres: exige distribuir candidaturas, definir prioridades y asumir que no todos encabezarán una boleta.
Cancún y Cozumel podrían ser sus apoyos principales, pero una elección histórica como la del 27 exige mucho más que dos enclaves.
La declaración es el punto de partida. Ahora viene lo difícil: convertirla en estructura, candidaturas comunes y votos.
En 2027 los rivales no podrán competir solo con inconformidades. ¿Cómo van a conciliar ambiciones Greg Sánchez, José Luis Toledo, Juan Carlos González y otros tantos?
Necesitarán una propuesta que convenza de que distintos nombres, con intereses tan dispersos, pueden caminar por la misma ruta. En caso contrario, será más de lo mismo.
(OPINIÓN PUBLICADA EN NOVEDADES.
LUNES 28 DE SEPTIEMBRE DE 2026).
