Marcelo Salinas | En órbita: El turismo deportivo vive uno de sus mejores momentos en el Caribe mexicano. No se trata solo de fútbol en el contexto del Mundial, disciplina que suele acaparar reflectores, patrocinios y conversación pública: lo que hoy ocurre va mucho más allá, con distintas actividades que se convierten en un motor social, económico y turístico de enorme alcance.
La agenda ocupa un lugar estratégico de norte a sur. Basta mirar los encuentros -y los anuncios- del fin de semana. Ahí está el Rodeo de Lanchas Mexicanas en Cozumel, que combina tradición y adrenalina en uno de los destinos más reconocidos del país.
El torneo de voleibol en Puerto Morelos, donde las playas dejan de ser únicamente escaparate natural, para convertirse en un fabuloso escenario de convivencia.
En el horizonte cercano aparece, además, el tradicional torneo de pesca en ese mismo Puerto este sábado 30, mientras que el cruce a nado Cancún-Isla Mujeres, de ayer domingo, mantiene intacto su prestigio internacional, pues reúne a atletas, visitantes y familias enteras alrededor de una prueba que ya forma parte de la identidad regional.
En Bacalar, el Triatlón de la Universidad Politécnica fue todo un éxito.
A ello se suma el próximo torneo de pesca «Cosme Alberto Martínez Magaña» en Isla, del 22 al 24, y múltiples actividades que empiezan a florecer en diferentes municipios, con maratones, mundialitos, básquetbol, béisbol, golf, polo y más.
El fenómeno merece atención porque sus beneficios son amplios y profundos. El turismo deportivo crea comunidad, une generaciones en torno a objetivos comunes y fortalece el tejido social. También incentiva a la niñez y a las juventudes a encontrar en el deporte una ruta de disciplina, salud y desarrollo personal.
En tiempos donde la violencia y las adicciones representan desafíos permanentes, fomentar actividades de ese tipo es también promover la paz. El deporte es, de hecho, un catalizador de paz.
Pero además existe un impacto económico evidente. Cada torneo atrae turistas, genera ocupación hotelera, movimiento restaurantero, consumo local y exposición mediática positiva. Los encuentros deportivos incentivan inversiones porque muestran destinos vivos, dinámicos y capaces de organizar actividades de talla nacional e internacional.
El Caribe mexicano entendió hace años que el turismo no depende de sol y playa. Hoy el visitante busca experiencias, identidad, emociones y participación. En esa lógica, el deporte se vuelve un aliado estratégico.
Quintana Roo construye un calendario deportivo cada vez más robusto que fortalece su marca turística y diversifica su economía.
Así como turismo-cultura, turismo-deportes es otro binomio exitoso.
(OPINIÓN PUBLICADA EN NOVEDADES.
LUNES 18 DE MAYO DE 2026).
