Marcelo Salinas | En órbita: En Cancún las obras no paran. No es una frase cliché: es una realidad que resuena en las colonias que durante años quedaron fuera del mapa del desarrollo. Hoy el gobierno de Ana Paty Peralta apuesta por cerrar esa brecha bajo una lógica clara: invertir donde más se necesita.
El Programa de Inversión Anual 2026, aprobado en Cabildo, no solo es una cifra (más de 321 millones de pesos entre obras nuevas y bianuales), es también una declaración política, porque priorizar a quienes menos tienen implica intervenir de manera integral territorios como El Diamante y San Alfredo, donde las obras no son parches, sino transformaciones completas: pavimentación, alumbrado, drenaje pluvial y señalética. Es decir, dignidad urbana. Ello redunda en calidad de vida.
En una ciudad como Cancún, donde el crecimiento ha sido vertiginoso y desigual, estas intervenciones tienen efectos inmediatos en la seguridad. Calles iluminadas, transitables y ordenadas reducen riesgos, inhiben conductas delictivas y devuelven el espacio público a la gente. La infraestructura, cuando se planea bien, también es política de prevención.
Otro aspecto igual de relevante es la movilidad. La continuidad en la rehabilitación de la avenida Kabah, así como la intervención en la Nazareth, mejora tiempos de traslado, ordena el flujo vehicular y fortalece la conectividad en una ciudad donde el dinamismo es un sello característico. A ello se suman obras estratégicas como las acciones complementarias al Puente Nichupté, que apuntan a despresurizar una de las zonas más saturadas.
La imagen urbana también entra en juego. La restauración del Monumento a la Historia de México no es una «manito de gato»: es identidad y pertenencia; es reconstruir el vínculo entre la ciudad y sus símbolos. Gobernar también es cuidar cómo se ve y cómo se siente el entorno. Ha sido un compromiso personal de la presidenta cancunense.
Para el municipio Benito Juárez el beneficio es tangible: mejor calidad de vida, mayor orden y una ciudad más funcional. Para Ana Paty Peralta, el rédito es doble. Por un lado, consolida una narrativa de gobierno cercano y eficaz; por otro, construye capital político con resultados visibles, no discursos.
En tiempos donde la ciudadanía exige hechos, no promesas, estas obras se convierten en su mejor carta de presentación. Al final, gobernar bien se mide en concreto, luz y calles que por fin conectan con la esperanza.
(OPINIÓN PUBLICADA EN NOVEDADES.
MIÉRCOLES 18 DE MARZO DE 2026).
