Marcelo Salinas | En órbita: Los partidos ya perfilan a quienes buscarían competir por las 17 gubernaturas en disputa. Morena, Movimiento Ciudadano, PRI, Verde y PT sueltan ciertos nombres, activan estructuras y echan a andar sus mediciones. No son candidaturas, insisten. Pero tampoco son ejercicios inocentes. El calendario legal dice una cosa y, la realidad política, otra.
La carrera está en marcha. No solo en los estados más visibles o con mayor peso poblacional, también en plazas como Quintana Roo, donde los movimientos se aceleran y los grupos comienzan a tomar posiciones. En las entidades las definiciones no dependerán únicamente de encuestas, sino de acuerdos y equilibrios.
El PRI ya mostró cartas «para defender a México». Su dirigente nacional «Alito» Moreno puso a Cora Amalia, Leslie Hendricks y Filiberto Martínez. En Movimiento Ciudadano se habla de José Luis Pech Várguez. Morena y sus aliados no bajan el ritmo, aunque hacia adentro conviven tensiones naturales por la distribución de espacios. El Verde y el PT acompañan, pero también calculan. En las encuestas más serias, el puntero es Gino Segura.
Falta el PAN. Todo apunta a que este sábado dará señales claras en Ciudad de México. Aquí, su dirigente nacional, Jorge Romero, ya dejó ver una pista: la senadora Mayuli Martínez.
Así, el tablero comienza a poblarse. El foco está en las gubernaturas de 2027 y en el control territorial. Pero el 2030 aparece en el horizonte, como telón de fondo. Hoy la prioridad es otra: ganar posiciones, construir presencia y llegar con ventaja.
El problema no es que lo hagan. Es que lo hacen al filo: presuntos actos anticipados, promoción personalizada bajo otras etiquetas o giras que parecen institucionales, aunque tienen otro propósito. Una zona gris que se agranda cada día y que, en más de un caso, cruza la línea de la legalidad.
Están en el juego. Todos. Cuando todos juegan al límite, o más allá, la contienda tiende a contaminarse antes de empezar. Se desgasta la equidad y se envía un mensaje incómodo a una ciudadanía que por ratos se fastidia con espectaculares, bardas pintadas, «encuestitis» y otras maniobras conocidas.
Si la competencia consiste en ver quién se brinca primero el calendario sin consecuencias, entonces el problema ya no es político: es de legalidad. Tarde o temprano, aquello pasa factura.
(OPINIÓN PUBLICADA EN NOVEDADES.
VIERNES 20 DE MARZO DE 2026).
