Marcelo Salinas | En órbita: En Playa del Carmen la transformación ya no se proclama: se construye. Ocurre donde más se necesita. La obra de la línea de alimentación de agua potable en la popular Cristo Rey no es una foto del gobierno para las redes, sino una muestra clara de hacia dónde apunta el modelo de Estefanía Mercado: atender primero a quienes históricamente han estado al final de la fila.
La inversión de 20.8 millones de pesos para beneficiar a cerca de 2 mil 400 habitantes no solo resuelve una carencia, también corrige una deuda. Cuando una comunidad carece de agua potable, no estamos ante un problema técnico sino frente a una expresión directa de la desigualdad. Por eso el mensaje es potente: el agua deja de ser promesa para convertirse en derecho garantizado. Eso se dijo durante la reciente supervisión.
Algo más vale la pena subrayar. La narrativa de este gobierno no se queda en el discurso de la obra pública tradicional, pues se articula con una visión más amplia donde la política social es eje y no complemento. La intervención en Cristo Rey se suma a una lógica de programas sociales que buscan impactar directamente en la calidad de vida: apoyos alimentarios, atención a grupos en situación de vulnerabilidad, mejoramiento urbano en zonas con rezago y acciones enfocadas en niñas, niños y juventudes. Todo bajo una premisa: reducir brechas y generar condiciones reales de bienestar.
En dicho sentido la obra hidráulica no es sólo infraestructura, es política social aplicada. Es humanismo traducido en tuberías, en acceso y en dignidad. Es también prosperidad compartida, porque donde llega el agua, llega la posibilidad de salud, desarrollo y futuro.
Otro elemento relevante es la forma. Se nota un énfasis en el territorio, en el contacto directo, en hablar de frente con la gente. Menos escritorio y más calle. Esa lógica cambia la relación entre gobierno y ciudadanía, y fortalece la confianza en las instituciones.
En el Playa del Carmen de Estefanía se apuesta desde el inicio por consolidar la justicia social como columna vertebral de su transformación. En el camino, cada obra que resuelve lo básico -como el acceso al agua- se convierte en un cimiento político y social. Ninguna retórica compite con ello.
Al final los gobiernos se miden por su capacidad de incidir en la vida cotidiana. Cuando una familia abre la llave y por fin sale agua, la transformación deja de ser un concepto.
(OPINIÓN PUBLICADA EN NOVEDADES.
VIERNES 17 DE ABRIL DE 2026).
