Fuerza y estrategia

Marcelo Salinas | En órbita: En tiempos donde la seguridad suele reducirse a cifras frías o discursos de coyuntura, el mensaje que envió la gobernadora Mara Lezama con la entrega de 70 nuevos vehículos policiales en Cancún va más allá del acto protocolario: es una definición clara de prioridades y de un modelo de gobierno.
No se trata sólo de carros, sino de una visión integral que entiende la seguridad como un derecho y una condición indispensable para la vida cotidiana, el desarrollo económico y la cohesión social en Quintana Roo.
Mara Lezama ha insistido desde el inicio de su administración en que gobernar es proteger y esta acción concreta lo refleja. La inversión en unidades con tecnología de punta (cámaras, reconocimiento facial, lectores de placas y acceso inmediato a bases de datos) no responde a la improvisación, sino a una lectura realista del crecimiento de Cancún y de su papel estratégico como destino turístico internacional, en un contexto imposible de ignorar: es la futura puerta de entrada al Mundial 2026.
El énfasis de la gobernadora en la prevención del delito y en atender las causas de la violencia marca una diferencia relevante. No se trata de “mano dura” sin rumbo, sino de responsabilidad pública, y de entender que la paz se construye con instituciones fuertes, policías dignificados y ciudadanía participativa.  
Cuando Mara afirma que cada peso del pueblo regresa al pueblo convertido en seguridad, apunta a algo esencial: la confianza como cimiento del orden democrático.
La coordinación con el municipio encabezado por Ana Paty Peralta muestra que la seguridad no admite protagonismos aislados. Esa conducción en equipo imprime rumbo, estrategia y continuidad.
Reconocer la tarea policial, dotarla de mejores herramientas y llamar a la denuncia ciudadana como acto de responsabilidad social tiene un impacto directo en la vida de miles de familias que salen a trabajar, estudian o quieren convivir sin miedo en el espacio público. Esto último fue comprobado ayer, por trabajadores del Mercado 28, por donde transitaron las patrullas en rondines de presencia.
En una sociedad que a veces es golpeada por la desconfianza, acciones como esta envían una señal poderosa: el Estado está presente, actúa y asume su deber. Cuando la seguridad se entiende como un acto de humanismo y no sólo de fuerza, los beneficios se reflejan en calles más tranquilas, economías más fuertes y comunidades que vuelven a creer en sus instituciones.
Fortalecer a la Policía no es un lujo, es una obligación.

(OPINIÓN PUBLICADA EN NOVEDADES.
VIERNES 6 DE FEBRERO DE 2026).