Marcelo Salinas | En órbita: En política los lugares también hablan. Jorge Sanén lo entendió y por eso eligió Casa Xocchel para anunciar su registro como aspirante a la Coordinación Municipal de Morena en Cancún.
No es una casa cualquiera. Inaugurada en mayo de 2016, ahí se gestó la 4T en Benito Juárez. Ahí se registraron las primeras candidaturas pluris de Morena, ahí llegó Mara Lezama en 2018 a inscribir su planilla, ahí pasó Ana Paty Peralta, ahí se entregaron las primeras credenciales. Es el origen. El kilómetro cero del morenismo cancunense.
Anunciar desde ahí no es casualidad. Es un mensaje directo a la militancia histórica, a los que tocaron puertas cuando Morena no era poder, a los que hicieron comité sin cargo ni nómina. En un proceso donde todos invocan la unidad, Sanén puso el símbolo por delante.
El discurso acompañó al símbolo. «Volver a esta casa es reconocer ese esfuerzo», dijo. Habló de organización territorial, de escuchar a todas las voces, de mantener la cohesión. Pero sobre todo dejó dos frases que marcan su apuesta:
«Quien coordine a Morena debe venir de Morena«.
«Cancún es territorio guinda, y la Coordinación debe ser guinda«.
No hace falta traducir. En una contienda donde aparecen nombres con origen diverso y alianzas cruzadas, Sanén apela al morenismo puro, al obradorismo fundacional, al vínculo directo con Claudia Sheinbaum y Mara Lezama, pero desde la base.
Es inteligente. Cancún es la joya de la corona y será el capítulo central de 2027. No se va a definir solo con números, sino con legitimidad interna. La encuesta pesa, pero la narrativa de pertenencia pesa más cuando el partido exige unidad.
Sanén no presentó un registro más. Presentó un relato: el de la continuidad frente a la improvisación, el del territorio frente al escritorio, el del que estuvo desde el inicio frente al que acaba de llegar.
En esa disputa simbólica, Casa Xocchel ya le dio ventaja.

