Marcelo Salinas | En órbita: Cuando una encuesta coloca a una presidenta municipal en el primer lugar nacional de aprobación, el dato deja de ser un simple ranking para convertirse en una señal política potente. Eso pasa con Ana Paty Peralta, quien encabeza la medición de Cripeso (que recoge Pollsmx), con 64.38% de respaldo ciudadano.
No es producto del azar. Es la consecuencia de una administración que ha entendido el tamaño del reto que implica gobernar Cancún: una ciudad dinámica, exigente y, al mismo tiempo, profundamente desigual. Donde los contrastes suelen pasar factura política, hoy aparece una aprobación que destaca en el ámbito nacional.
El dato favorece, en primera instancia, a la administración de Benito Juárez. Un gobierno con altos niveles de aceptación tiene mayor margen de maniobra para ejecutar obra pública, fortalecer servicios y mantener el ritmo de las decisiones sin el desgaste que provocan las crisis de confianza. La aprobación no resuelve problemas por sí sola, aunque sí genera condiciones para enfrentarlos con legitimidad.
Detrás de dicha cifra se asoman acciones concretas. La inversión en obra pública (calles, espacios recuperados e infraestructura urbana) se combina con una mejora sostenida en servicios como recolección de basura, alumbrado y mantenimiento. Los servidores públicos locales no se detienen bajo ninguna circunstancia. Ahí está como ejemplo la Dirección General de Servicios Públicos que comanda Antonio Chambé.
A ello se suman audiencias ciudadanas que acortan la distancia entre autoridades y gobernados; programas sociales que atienden rezagos históricos, y un relato de cercanía que no se queda en el papel. Es allí donde se construye esa imagen política potente referida: en la suma de decisiones visibles y cotidianas.
En el espectro político el beneficio para la propia presidenta es evidente. Ana Paty no solo consolida su posición local, sino que se proyecta en el escenario nacional como un perfil competitivo de toda la 4T. Encabezar un ranking nacional la sitúa en otra liga.
El efecto más relevante no está en la narrativa política, sino en el día a día. Para la sociedad esto se traduce en certidumbre: continuidad en obras, servicios que responden y un gobierno que escucha.
Cancún no es una ciudad sencilla de gobernar, y por ello este primer lugar no es un punto de llegada, sino una responsabilidad mayor: sostener la confianza que la ciudadanía le concede.
Desafíos y problemas siempre habrá, pero los avances son innegables.
(OPINIÓN PUBLICADA EN NOVEDADES.
VIERNES 27 DE MARZO DE 2026).
