Marcelo Salinas | En órbita: La efervescencia electoral por el 2027 se refleja, también, en campañas de infamia y desprestigio. Durante varias semanas, e incluso meses, autoridades y aspirantes han denunciado golpeteos desde el anonimato para intentar desacreditarles.
Lo de la gobernadora Mara Lezama es un ejemplo, aunque calla rápido a sus críticos con cada viaje a Estados Unidos o su presencia frecuente en La Mañanera de la Presidenta Claudia Sheinbaum. Es la gobernadora mejor evaluada en México.
Lo de Estefanía Mercado en Playa del Carmen es otro reciente: basta ver las redes sociales para comprobar la campaña recurrente con noticias falsas o hechos claramente tergiversados. La presidenta municipal es una de las mejores evaluadas en el país.
En Isla Mujeres sucede algo similar. Durante las últimas semanas se ha notado una escalada de mentiras y desinformación contra la presidenta Atenea Gómez Ricalde, quien sacó a su municipio de la crisis y el caos que le dejaron.
Hasta la regidora del Movimiento Ciudadano en Othón P. Blanco, Lidia Rojas Fabro, acusó el fin de semana una intentona por confundir a sus seguidores. Lidia se alista para su revancha en la capital.
Gino Segura y Ana Paty Peralta no escapan del ruido malintencionado en redes. Ambos aparecen en diversas encuestas como los más adelantados en la carrera por la Coordinación Estatal de la 4T, la antesala de la candidatura a la gubernatura. Los «haters» lo saben.
No son los únicos ni es casualidad. Estos son algunos casos que han sido ampliamente comentados en círculos de opinión y análisis.
Todo se inscribe en el proceso 2027, salvo alguna excepción menor. Sin embargo, es la razón principal de los ataques sin sustento. Grupos con intereses torcidos reaccionan así cuando se ven rebasados por la realidad, sin ventaja o perdidos. En el fondo, son «patadas de ahogado«.
Al final, el ruido también revela dónde está la competencia. Cuando faltan argumentos, sobran ataques; cuando no hay ventaja, aparece la infamia.
El 2027 comenzó a calentarse en distintas zonas del estado y en diferentes ámbitos, tanto en el oficialismo como en la oposición, y ya deja ver que algunos jugarán a ganar en las urnas y otros intentarán hacerlo desde el lodo.
En estos asuntos, tarde o temprano, la realidad termina poniendo a cada quien en su lugar.
Cuando alguien necesita esconderse en el anonimato para golpear, algo dice de sí mismo. El problema es que algunos confunden una campaña de infamia con una estrategia electoral. No lo es. Es apenas el recurso de quienes saben que, de frente, tienen poco que ofrecer.
La política podrá ensuciarse en redes, llenarse de rumores y anticipar batallas, pero al final prevalecerán los hechos, los resultados y la percepción de la ciudadanía informada.
(OPINIÓN PUBLICADA EN NOVEDADES.
LUNES 10 DE AGOSTO DE 2026).
