Apostar al conflicto

Marcelo Salinas | En órbita: Menos de una semana bastó para que el discurso cambiara. El 15 de septiembre, Rafael Marín reconoció la victoria de Gino Segura, explicó las razones de su propia derrota y llamó a mantener la calma. Este sábado, en cambio, reapareció con un mensaje de confrontación que abre una nueva etapa y deja ver que todavía no termina de asimilarse.
Durante un festejo cumpleañero, Marín afirmó: “El hecho de que se hayan quedado estas gentes con la gubernatura, no quiere decir que se van a quedar con el estado (…) Nosotros tenemos a la gente; la gente está con nosotros, y vamos a ver cómo vamos a transitar de aquí en adelante”.
La pregunta es inevitable: ¿quiénes son “estas gentes”? La decisión no surgió de un acuerdo entre grupos locales. La dirigencia nacional de Morena informó que hubo encuesta y cuatro ejercicios espejo, y que los resultados confirmaron las coordinaciones presentadas. También se ha reiterado que no habrá segundas rondas en esos estados.
Entonces, ¿qué cambió? Quizá la presión de quienes alrededor de Marín esperaban otro desenlace. Quizá la dificultad para deslindarse de una operación política y financiera que, durante un par de meses, avanzó de manera meteórica. No debe ser fácil ahora deshacer tantas promesas otorgadas y repetidas cuando el resultado fue otro.
De ahí que aparezca una estrategia ya conocida en ciertos procesos: apostar al conflicto, descalificar, tensar la relación con el partido y convertir la inconformidad en instrumento de presión.
Pero hacerlo tiene un costo. A costa del partido. A costa de su democracia interna. A costa de sus liderazgos. Principalmente, a costa de la voluntad de quienes participaron y cuyo resultado debe ser respetado.
Quintana Roo no es un botín. Sus municipios y distritos tampoco son tajadas de un pastel que puedan repartirse anticipadamente. Cuando llegue la elección, todos tendrán derecho a competir, pero será en buena lid.
La carrera estatal terminó. Gino es el coordinador de la 4T en Quintana Roo y trabaja ya en esa responsabilidad, con el respaldo del procedimiento establecido por la dirigencia nacional.
Mantener aspiraciones dentro de un proyecto político es legítimo. Convertir la inconformidad en ruptura es otra cosa.
Por eso, más que la interna perdida, lo que ahora está en juego es qué hará Rafael Marín con su capital político. Puede construir dentro del proyecto que dice representar o comenzar a caminar hacia afuera.
La política permite ambas rutas. Lo que no permite es desconocer indefinidamente una decisión cuando el resultado ya está dado.
Lo que viene dirá si aquello del 15 fue verdadera aceptación o apenas una pausa antes de la confrontación.

(OPINIÓN PUBLICADA EN NOVEDADES.
LUNES 21 DE SEPTIEMBRE DE 2026).