Chetumal, 29 de junio de 2026.- Ana Paty Peralta ya comenzó a recorrer Quintana Roo como aspirante a coordinar la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional. El hecho político más relevante de ese arranque no es únicamente que haya iniciado actividades, sino dónde decidió hacerlo: en Chetumal.
No parece una decisión casual. La capital del estado tiene un peso simbólico, histórico y político que ningún proyecto serio rumbo a 2027 puede ignorar. Chetumal es la puerta de entrada a la identidad quintanarroense, el lugar donde nació buena parte de la historia institucional del estado y donde, como suele decirse con orgullo, inicia México.
Por ello resulta significativo que Ana Paty haya comenzado precisamente ahí, para escuchar a descendientes de familias fundadoras, visitar la Casa de la Crónica «Ignacio A. Herrera Muñoz» y recordar los orígenes de Payo Obispo.
Más allá de la fotografía el mensaje es reconocer el papel del sur en la construcción de Quintana Roo y enviar una señal de cercanía a una región que históricamente ha reclamado mayor atención política.
Hasta ahora la presidenta municipal con licencia de Benito Juárez había concentrado prácticamente toda su energía en gobernar Cancún. La responsabilidad institucional le exigía estar enfocada en su municipio, con los retos cotidianos que implica administrar una ciudad de esa dimensión. Siempre permaneció en la tarea para la que fue electa.
Dicha circunstancia también explica por qué existe un amplio margen de crecimiento para ella en la etapa actual. Su nivel de conocimiento en Cancún es alto, aunque ahora tiene la oportunidad de presentarse directamente ante sectores, liderazgos y comunidades de los otros diez municipios. Es una fase distinta de su trayectoria política.
En ese aspecto radica uno de los elementos más interesantes del proceso interno de Morena y sus aliados, porque Ana Paty parte de una plataforma construida desde el ejercicio de gobierno y no desde una «precampaña permanente».
Ahora cuenta con el tiempo y la legitimidad política para recorrer el territorio estatal con un objetivo diferente: escuchar, dialogar y posicionar un proyecto propio en la competencia interna.
El recorrido apenas comienza, pero el punto de partida tiene significado. Iniciar en Chetumal implica reconocer el valor político del sur, abrazar una narrativa de identidad estatal y recordar que ningún aspirante puede pensar en gobernar Quintana Roo mirando exclusivamente hacia el norte. El sur, se dice, sabe premiar y castigar.
Si la estrategia consiste en crecer territorialmente, construir presencia en regiones donde antes su prioridad era gobernar Cancún y vincular su proyecto con la historia y el sentido de pertenencia quintanarroense, entonces el primer movimiento parece haber sido cuidadosamente calculado.
Los arranques cuentan y, a veces, anticipan la ruta a seguir.



